Faro de la Mola en Formentera

Amanecer en el Faro de la Mola

El Faro de la Mola es mucho más que un edificio de utilidad naval para la isla de Formentera. Es desde hace siglos un icono, un símbolo de nuestro horizonte y el pilar que representa el final oriental de nuestra preciada ínsula. Venir a Formentera y no visitar nuestro faro sería como ir a París y no visitar la Torre Eiffel.

Faro de la Mola con luna llena

Historia del Faro de La Mola

Se construyó en 1861, en tiempos de Isabel II, se encuentra en el municipio de El Pilar de la Mola y hasta 1973 no fue electrificado (antes funcionaba con mechas y con vapor de petróleo). Está situado en el punto más alto de la isla (casi 200 metros sobre el  nivel del mar), con unas vistas acantiladas impresionantes, y desde su primera noche se ha encendido a diario para alumbrar las aguas mágicas de esta zona del Mediterráneo. Según consta, sólo se apagó dos veces: durante la Guerra de Filipinas y durante la Guerra Civil.

Faro de la Mola en Formentera

Como dicta la leyenda, este es el faro que Julio Verne nunca vio pero en el que se inspiró para sus novelas ‘Héctor Serdavac’ y ‘El faro del fin del mundo’. Un monolito cerca del faro recuerda al escritor como “novelista genial y profeta de la ciencia” desde 1978, en el 150 aniversario de su nacimiento.

Aquí han vivido hasta tres familias distintas de fareros, un oficio de lo más evocador. Javier Pérez de Arévalo es el último farero que ha vivido dentro de esta singular edificación, del cual podéis saber más si buscáis su blog (‘Un Farero en el Desierto’).

Si hay algo comparable en espectacularidad con las vistas infinitas hacia el horizonte oriental de Formentera de día, es acercarse a este paraje por la noche, observando los doce haces de luz que giran sobre la oscuridad del mar, mientras se oyen los cantos nocturnos de baldritxas y virots, dos especies de aves que suenan a estas horas como llamadas fantasmales desde Ultramar… ¡Un momento mágico!

Nos interesa tu opinión