Un joven cantautor llamado Bob

En la conocida Fonda Pepe de Sant Ferran, un mes templado y primaveral de 1967, dos jóvenes juegan al ajedrez, y discuten amistosamente en inglés mientras el Sol empieza a ponerse. La Formentera de aquellos tiempos se parecía a la de ahora, pero sin coches apenas, con electricidad escasa, poca gente y aún más tranquilidad. Hay tanto silencio que el movimiento de cada ficha sobre el tablero es audible aun a cien metros de la fonda. Uno de ellos ya había pasado los 30, era formenterano, músico y se acabaría convirtiendo en conseller de Trabajo más tarde, en los años 80. Se llamaba Pío Tur. El otro apenas tenía 25, la nariz aguileña y se tocaba nervioso una cabellera rizada y desordenada. Norteamericano, había conseguido llegar hasta aquí porque un amigo poeta le había dicho que en el Mediterráneo existía una isla aislada, hermosa y virgen, donde la gente se desplazaba en bicicleta y nadie le iba a encontrar. “Te toca, Bob, que se nos va la luz”, le dice Pío. Hasta el mismo día de su muerte, en 2009, el político balear juró que aquel amigo que se echó en el 67 era el mismísimo Bob Dylan.

¿Estuvo viviendo el genio de Minnesota, el autor de ‘Blowing in the wind’ en Formentera? Hay testimonios como el de Tur que lo confirman, su primera esposa Sara también lo daba por cierto, mientras muchos habitantes de la isla no recuerdan habérselo cruzado. Según esta leyenda, Dylan vivió meses por aquí y en un momento en el que ya gozaba de popularidad mundial, por lo que pasar desapercibido de verdad le habría costado.

Según cuentan, vino hasta aquí por consejo de Allen Ginsberg, tras haber soportado sobre sus espaldas una fama que se había convertido en una responsabilidad insoportable, como puntal de la lucha por los derechos civiles en el país más poderoso del mundo. Llegó en barco, como todo el mundo, apenas con lo puesto y dispuesto a olvidarse de su nombre artístico durante una temporada. Aún ni siquiera se había celebrado el festival de Woodstock, y aunque ya había extranjeros afincados en Formentera, no existía ese movimiento hippie que marcó los años 70. Casualidades: Aquí se hizo amigo de otro Bob, Bob Baldon, el de la Casa de Libros, ambos estadounidenses, y ambos venidos aquí tras sufrir un accidente de motocicleta que les hizo reflexionar sobre el rumbo de sus vidas. Baldon ya murió, y aquella Casa de los Libros es hoy la Biblioteca Internacional de Formentera.

Sin embargo, no existe rastro. Nada, ni una fotografía, ni un resto de Super 8, ni un autógrafo o testimonio de valor histórico. Otros rumores cuentan que se quedó a dormir dentro de uno de los siete molinos harineros de la isla. Y si venís y preguntáis por Migjorn, alguno asegura que se le vio bebiendo por la Cantina Mari Jesús (que hoy se llama Blue Bar). Lo más fácil sería plantarse delante del anciano y hosco Dylan de hoy y acorralarlo: “Bob, ¿viviste en Formentera?”. Pero siendo como es, es probable que decline siquiera responder, porque él también preferirá que el mito flote en el viento y nunca se pose. Si estuvo, hablaba con Pío sobre música, sobre Dios y la Biblia, sobre la naturaleza y la conciencia humana. Poco después, en diciembre de ese mismo año, publicaría en el disco ‘John Wesley Harding’ canciones como ‘All along the watchtower’ que bien podrían ser una pista. “Hey, Pío, he escrito una canción, dime qué te parece la letra”.

All along the watchtower, princes kept the view
While all the women came and went, barefoot servants, too

Outside in the distance a wildcat did growl
Two riders were approaching, the wind began to howl”

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